No hace falta tener bien el alma; aún no es necesario pensar tanto para ver todas aquellas ideas, a las cuales tienes miedo; mucho menos nos hace falta un corazón para sentir algo por una persona.
—Eso daba vueltas a mi imaginación en aquella noche tan llena de tiniebla. Pero como tan pronto pude, acomodé en un traslucir de penas, poniéndolas una a una, contadas con los detalles más bien o de hiel; que aunque quisiera algo por remediar, ya nada podía hacer.
Fue así como vino a mí la idea de poner manos en una obra que nadie sepa entender; por recomendaciones de mi propia mente decía y meditaba como un loco desvalido. Aun así, nadie pudiera imaginar de dónde salió dicho mundo. ¿Por qué para qué entenderla, si no se sabe quién la escribió? ¿Para qué una luna de corazón si el cielo ya no es gris ni oscuro, sino que la blanca noche nos observa la mente?
Porque después de todo, la mente juega los papeles más grandes de la vida... que si te ves mediocre, que si no eres fiable, que si te quieren... ¡qué!, ¿si te quieren?... Y todo da un estallido a tu cerebro, porque desde tiempos muy remotos has sido descerebrado y todo lo que planeas se derrumba —dije. Fue ahí que llega mi enfoque y veo este mundo en mente, que aunque no sea nada, piensen, es muy irreal, pero a mí me parece que es como el silencio que viene desde lo profundo del alma, aunque es algo biográfico en quién quiero pensar o quiero retomar a una imaginación, pero veo en ello mi gran vida.
A veces solo pienso en la luna y en cómo es por dentro, de eso maravilloso que alumbra el corazón... Sí es cierto que tenemos una haciéndose mensajera para mandar recados a la persona que en realidad amamos.
Ahora bien, sé que después de esto voy a parecer un loco, pero todo es tan real para fingir tanto. Creerán que no soy el autor de todo en mi vida, pero aun en el final, los locos somos los que escribimos a estos mundos, viendo cómo una rara sensación se apodera; porque esto es triste, es dolor del alma, esta es la luna de mi corazón.
El día parece normal como cualquiera en esta vida a estatua; todo es raro porque siento una lúgubre agonía; aún da vueltas como ruleta; el viento me habla y me ignora; era tirado en la esquina del pueblo, y no es que mi pueblo sea grande o extenso, pero creo que es el pueblo. Aquí estoy con los ojos velados, omiso a lo que pasa o podría venir; no siento nada, solo pienso que estoy muerto. Siempre he estado así —dije. Pero en esta ocasión siento que es más real, porque el cuerpo me tiembla y no es por el frío; el alma se nota pesada y tibia, el cerebro no sirve para pensar alguna solución. Estoy triste por las cosas más humanas que puedan pasarme (que no creo convenientes fueran). El amar me tiene agobiado y estoy sentado en aquella calle frente a mi casa; veo el ocaso y una lágrima va cayendo por mi cara y resuena en aquel lejano eco que hace contacto con el piso. Bajo la mirada, veo cómo aquellas lágrimas se confunden con las gotas de la lluvia.
"Así como esas gotas se van de mi vida, así me voy yo sin vida"... porque no he de seguir, no he de acostumbrarme; me hace un poco mal que, siendo a mi edad, con dieciocho años, ahora no sé cuántos más pudiera tener. La lluvia es más fuerte y sigo místicamente lleno de melancolía y soledad... ¿Por qué tendría que amarte tanto y ya no estás conmigo? Lloro todo lo que puedo, desde lo profundo de mi alma, desde lo desconocido del viento.
Te quiero, como tú nunca lo habías pensado.
como jamás lo pensaré yo,
así como te pude ver,
así como desde un año entero junto a ti volver.
es este mi gran sentimiento.
Y con estas pequeñas letras te dedico mi corazón.
porque yo te veo,
te admiro, chica linda.
te amo como no pudiera.
la mejor de mi ángel con las alas relucientes;
mi princesa en este mundo real,
porque cuando me abrazas
en mis sueños veo mi felicidad.
Sabes, solo quiero decirte que seas mi novia, como lo habías dicho aquel día de infantes, como cuando me miras con tus ojos bellos, que ya somos amor y que quisiese me ames como lo hago. Con todo nuestro mundo, querida, dime cualquier cosa, pero no me digas "no" porque solo quiero que seas mi vida por el resto de la vida, aunque muramos de amor sin vida".
El alma se iba calando; yo seguía retorciéndome como serpiente. Me veo en la gran situación de amar a una amiga de la infancia; eso es lo que me está pasando. Le escribí esta carta a mi fiel compañera dedicándole mi más muestra de amor hacia ella, pero no la leerá, no estará junto a mí... El recuerdo era más grande; las lágrimas se salen sin previo aviso. Yo gritaba, el alma se me iba, todo se me tambaleaba como velero. Fui donde la joven y me llevé una sorpresa; presuntamente le entregaría mi carta. Creí que la encontraría e iríamos a la playa a caminar como siempre lo hacíamos, pero la playa va a estar sola.
Llegué, pero no es como debiera llegar; todos, aun sin comprender, estaban en el funeral de la chica, todos menos yo... Sentí un grave escalofrío cuando me dijeron la noticia, pero creí que era una broma; aún pensé no era ella quien estaba en el ataúd; solo dije tonterías, pero que al final fueron ciertas. Tan ciertas que hoy está bajo tierra. He venido de su casa; me explicaron cómo había pasado el hecho, que viendo eso se murió de un grave amor; ella quería a una persona, pero no le correspondió... Ahora bien, yo la quiero como nunca y es ahí el motivo, ya que según ella (en una carta lo explica), para no hacerme sufrir a mí y sufrir ella, tomó la decisión de quitarse la vida... Pero eso no era justo, aun cuando no sea cosa del amor o vidas paralelas, pero me dijo su madre que lamenta el hecho, ya que yo sí la amaba y ella a mí no.
Y acomodándome aquí, todo intranquilo, pues toda la noche hice viendo y acariciando el ataúd donde yacía mi querida; nadie pudo apartarme de ella, mucho menos ahora en adelante nadie lo hará. He sacado la carta y, apretándola en mi puño, me pongo de pie. No sé qué hacer, pero hay algo que llama mi atención; una luz a lo lejos de la calle me pone dar vueltas como abeja; solo pienso en lo mismo de mi dolor. ¿Puede ser ella?, ¿quizás quiere decirme algo?, ¿qué es lo que pasa conmigo?... Pero tan lejos, todos los músculos reaccionan y me dispongo a dar un paso. Me tambaleo un poco, pero me da gran ánimo la pequeña muy brillante. Siento el viento más helado, la calle ya está desolada y me encuentro en frente de algo que llamo mi amor.
¡Eres tú!, ¡eres tú!, ¡eres tú!
A como puedo, grito más fuerte, pero la luz solo se pone más clara, emanando un raro sentimiento de esperanza... ¿Será que está viva? ¡Creo que es ella! ¿Pero qué hace aquí en la calle?. Me estaba volviendo inconsciente, no siento la lluvia, no pienso como humano, no creo estar vivo; no era el mismo en ese momento ya en la vida. Y el horizonte seguía ahí; la luz me tenía cegado. Quería correr a como pudiera y poder tocarla, pero era difícil; cada vez más se iba alejando de mí.
Ya me había apartado de mi casa; sentí que los barrotes solo resoplan en mi cara. La brisa con la lluvia es más pesada; no siento caminar, solo hay una gran sensación de melancolía en mí, pero como un sueño. Veo como el pueblo se va alejando, pero no presto atención. Solo sigo con aquel sentimiento de la luz; corro lo más rápido y de pronto se fue apagando; ya casi no se ve, pero en el camino a prisa, cuando de pronto ya estoy en frente del precipicio que se encuentra cerca del pueblo, una gran pendiente al final de la calle. Hice por detenerme, pero ya era demasiado tarde; fui cayendo al vacío. Siento cómo mis tímpanos oyen el trinar del viento de la tormenta; la vista es toda borrosa, mi cuerpo se siente flotar como pluma y luego todo se va apagando.
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